RANDOLPH REVOREDO CHOCANO
¿Qué futuro le espera a Venezuela?
Primero hay que salir de las teorías fáciles. Venezuela está como está por las decisiones que ha tomado. No se puede echar culpa a un tercero. Las causas son esencialmente endógenas.
Venezuela pasó por una edad dorada. No la aprovechó. Gozó de una entrada de capitales privados y de inversiones inmensa. No sólo para crear infraestructura. Sino para cimentar las bases institucionales sobre las que se pueda construir un modelo macroeconómico controlable.
No solo fallaron las tentativas -unas más acertadas que otras- en materia de política económica, sino que no se consiguió alcanzar la estabilidad institucional básica para que las cosas funcionen.
Hay un Estado de Derecho sujeto con alfileres. No hay un sistema judicial real. No hay seguridad social. No hay infraestructuras. Más del 80% de la población vive en la extrema pobreza, en entornos carentes de agua limpia, vialidad, electricidad, etc.
Un millón de kilómetros cuadrados que son la prueba más evidente de que un país, para ser próspero, no depende de que tenga recursos naturales. Con petróleo en cantidades mundiales (siendo ésta una materia prima tan estratégica), oro, hierro, madera, amplios sistemas fluviales, una posición geográfica excelente, una reserva biológica de inconmensurable potencial, no puede salir del atolladero. A un punto tal que en las organizaciones internacionales, las estadísticas de salud, por ejemplo, se suele comparar Venezuela con Zambia.
Los contrastes sociológicos son todavía más radicales. Es y se tiende más a encontrar una sociedad altamente polarizada. Porque hay cada vez más gente en uno de los dos extremos de la pirámide socioeconómica y menos en la banda del medio. Hay islas de cierto grado de estabilidad, básicamente sostenidas por los hombros de unos muy pocos millones de personas -de un total de veinte- que no renuncian a llevar una vida civilizada.
Trabajan, consumen, pagan impuestos, toman sus medidas de supervivencia económica y hacen lo posible para preservar la vida. Asisten al cine. Salen a los centros comerciales -de los pocos sitios seguros donde realizar alguna distracción- y ven televisión por cable.
¿Qué es lo que pasa en Venezuela? ¿Por qué los países asiáticos son capaces de hacer algo que cuesta tanto en Latinoamérica? Ellos comenzaron después y muchos terminaron antes. ¿Cómo estará Venezuela cuando China sea el poder económico que todos los analistas concuerdan en ver? ¿Seguirá igual?
Una cosa es clara: no se pueden echar culpas del fracaso propio a terceros. No valen las teorías de los otros poderosos. Ni el FMI ni nadie. Si hay deuda externa es porque no se ha pagado algo que se ha pedido prestado. Si el dinero que se envía termina en cuentas de Suiza, ¿De quién es la culpa?
Las discusiones y debates que llevan tiempo difícilmente no conducirán a nada. Es más de lo mismo. Porque no se toca la raíz del problema. La cuestión no es si se modifica la constitución o si tal o cual ley técnicamente tiene defectos de forma.
La cuestión es simple. Lo es tanto que quizá por eso es fácil perderse. El gran problema de Venezuela es la corrupción y la delincuencia. No es un problema de cifras macroeconómicas o de políticas de tal o cual matiz. La cuestión es que allí muere más gente asesinada que en Irak..., sin estar en guerra.
La cuestión es que la corrupción ha desbordado los límites de lo aceptable y ha penetrado en casi todas las instituciones. Un mal que es como el cáncer: no aparece de la noche a la mañana. Ha tenido un proceso de nacimiento, maduración y eclosión de décadas.
La policía se ve desbordada. A veces implicada, ante los asaltos a las personas. El sistema judicial no puede hacer cumplir la ley. Cualquiera que esta sea. Venezuela es un país muy urbano. Aunque tenga el doble de superficie que España, más del 80% de su población vive en cinco ciudades.
Los bancos están como en Argentina. En gestión de crisis. La inflación, en dos dígitos. El paro es galopante. El PIB retrocede. Es increíble que se puedan hacer paralelismos con países como la India o Uganda, pero la situación cada vez refleja unas características más parecidas a países así.
¿Hasta cuándo seguirá así? La esencia de la situación política no ha cambiado desde hace años. Opositores y partidarios de Chávez por una parte e incrédulos por otra. La cuerda se tensa cada vez más. Hay una diáspora hacia España y Estados Unidos muy intensa. Fuga de cerebros incluida. Las oficinas del Consulado español están sobresaturadas de peticiones de toda clase con el objetivo de salir del país.
Estados Unidos, después de los ataques a las Torres Gemelas, ha incrementado las exigencias para emigrar. Esto produce que el segundo destino de emigración por cercanía cultural -España- sea el más demandado.
Venezuela tuvo una guerra civil muy cruenta. Casi la tercera parte de la población de entonces murió en esa confrontación. Ahora parece haber una especie de guerra callejera entre delincuentes y ciudadanos. Pero, con todo, no es posible aproximar las desorbitadas tasas de criminalidad a una guerra civil (basta ver países africanos en guerra civil para ver lo que realmente significa), pero es cada vez más difícil negar que el fantasma de una puede terminar gestándose. Sobre todo si el precio el petróleo cae o algún otro evento externo complica el panorama.
Hay una gravísima crisis de liderazgo. Es una situación inédita que necesita de gente nueva. Suficientemente valiente como para desprenderse de compromisos con el pasado y preparada como para enfrentar con sensatez una realidad estancada en un círculo vicioso.
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