IBAN A MATARME DE HAMBRE EN COLOMBIA PERO DON ALVARITO AHORA ES PARTIDARIO DEL ASILO
ALVARITO POSIBLEMENTE ESTE CASO TE RECORDARÁ TU TRAICIÓN
El presidente colombiano, Álvaro Uribe, ha sido designado como el Personaje Público del Año en los Premios Colombia-España, convocados por la Embajada española en Bogotá. Regalito de la Embajada de España.

"En Colombia el panorama de la protección de los
Derechos Humanos es bastante sombrío"
Rodrigo Escobar Gil, ex magistrado colombiano y
Presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
MENSAJE AL
PRESIDENTE ÁLVARO URIBE VÉLEZ
Nunca
vine a Colombia a buscar droga ni mujeres ni a hacer turismo. Mi compromiso con
la democracia colombiana data del año 2000, cuando fui invitado por la Escuela
Nacional de Policía "General Santander" para intervenir en un
congreso internacional de criminología en Bogotá. Dos años después redacté la
querella contra el presidente Andrés Pastrana Arango para obligarle a suspender
la nauseabunda "mesa de diálogo" con la narcoguerrilla, cosa que
sucedió veintitantos días más tarde. España manda mucho en Colombia.
¡¡Pero!!... Confío que no anteponga los intereses económicos con la "madre
patria" a una cuestión de Derechos Humanos como es mi petición de
asilo político.
Se
le informa que su correo electrónico enviado al e-mail del Señor Presidente de
la República, ha sido trasladado a la Secretaría General del Ministerio de
Relaciones Exteriores, para su conocimiento. Bogotá, 16 de junio de 2009.
Secretaría Privada de la Presidencia de la República.
Veinte kilos menos de peso y veinte años más de aspecto. Tres hospitalizaciones en dos meses y medio (Hospital de Cartagena de Indias, Hospital de San Juan Bosco de Bosconia y Hospital de Engativá de Bogotá). Caquexia (desnutrición grave) dijeron en el Hospital de San Juan Bosco, quien sabe si con secuelas en el páncreas, hígado y riñones como me anunciaron en el Hospital de Engativá. Pero ni el gobierno español del Partido del GAL (banda de sicarios parapoliciales españoles y mercenarios extranjeros) y corrupción a manos llenas ni el gobierno de Álvaro Uribe Vélez han sido coherentes con el Estado de Derecho (más bien con el estado torcido de la violación de los Derechos Humanos). Es como si unos no quisieran dejarme salir de Colombia y otros impedirme la entrada en la "madre patria" hezpañola (España es un país de mierda ha dicho la periodista colombiana Juanita Samper Ospina). ¿HEZPAÑA CON H DE HECES? Pero comencemos por el principio.
El 1 de mayo del 2009 compré un billete de autobús para ir desde Cartagena de Indias hasta Barranquilla. Mientras lo hacía extravié mi pasaporte de la Unión Europea (Sección Española) y el dinero. Lo extravié o me lo sustrajeron con mucho arte colombiano. Me di cuenta en Barranquilla. Cuando regresé a Cartagena de Indias (cinco días más tarde) me presenté en el Consulado General de España. Solicité ayuda para regresar a la "madre patria" (tantas veces madrastra en las Islas Canarias y con los indomables "separatistas" canarios). "Desde Madrid tardarán cinco o siete días en decidir si le adelantan el dinero para el billete de avión o no" –dijo el funcionario. "No tengo prisa, esperaré –respondí-. Pero ¿mientras dónde como y duermo?". "Ese es su problema". ¿Coger del pescuezo a semejante "compatriota" y estamparlo contra la pared? "Aguardaré la respuesta de Madrid en la plaza" –dije refiriéndome a la plaza de Santo Domingo, donde está el consulado. El hambre acumulada desde Barranquilla sumada a las 48 horas siguientes sin probar ningún alimento sólido ni líquido en Cartagena de Indias, y bajo una temperatura a la sombra de 40 grados, hizo mella en mi organismo. Una ambulancia de la Cruz Roja me trasladó al Hospital de Cartagena de Indias donde me ingresaron (bajo la dirección del doctor Anderson Riola García) con deshidratación de segundo grado y pérdida del 8 por ciento de la masa corporal. La gerente del hospital estaba indignada con el comportamiento inhumano del consulado, y Cecilia, una enfermera, me invitó aquella noche a su casa, donde pude bañarme, cenar y dormir como un lirón. A la mañana siguiente me dirigí al periódico "La Verdad". Me citaron para el domingo por la tarde. Desde ese día, viernes, hasta el domingo por la tarde sólo almorcé dos veces (invitado por Vilmar Novoa Bohorquez, director del Museo de la Esmeralda) y desayuné una (invitado por Wilmer Colón Maldonado, guardavehículos en la plaza Fernández de Madrid, donde me estaba quedando por las noches en un banco de madera). El lunes, Patricia, recepcionista del Departamento de Gobernación, compartió su almuerzo conmigo. Ese mismo día salió publicado el reportaje en "La Verdad", titulado: "Ciudadano español pide asilo político en Colombia por malos tratos de su gobierno". A la mañana siguiente me presenté en la Defensoría del Pueblo de Bolívar para solicitar asilo político en Colombia. El viernes de aquella semana, sin haber probado bocado desde el lunes, hablé con la Personera Distrital de Cartagena. Me buscó alojamiento en el Asilo de San José. Un asilo de ancianos para un candidato a asilado político. Nada más recomendable. Arroz cocido para almorzar y arroz (sobrante del almuerzo) para cenar. Seguí perdiendo peso. Tanto si desayunábamos en la cocina como si lo hacíamos en el patio resultaba insoportable el olor fétido procedente de una habitación donde dormían tres ancianos con incontinencia urinaria y fecal. Uno de los viejos defecaba fuera del inodoro y más de una vez me tocó limpiar sus heces a la hora de bañarme. El 25 de mayo ingresaron a mi compañero de habitación en el servicio de urgencias de la Clínica Laura Carolina aquejado de una infección respiratoria contagiosa (murió el 10 de junio). Esta circunstancia me empujó a presentar una tutela ante el Tribunal Administrativo de Bolívar contra el consulado español y subsidiariamente contra el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia solicitando un alojamiento digno y manutención suficiente mientras se resolvía la petición de asilo político. El tribunal falló en mi contra porque ni era competente para juzgar a los funcionarios españoles ni el Ministerio de Relaciones Exteriores colombiano dio por buena la petición de asilo cursada a través del Defensor del Pueblo de Bolívar (por falta de competencia para solicitarla por mí). Impugné la tutela ante el Consejo de Estado y cursé personalmente la petición de asilo con arreglo a los requisitos señalados por el Ministerio de Relaciones Exteriores a la Defensoría del Pueblo de Bolívar. Días antes del fallo del Tribunal Administrativo de Bolívar, la canciller provisional María del Pilar González Abad me citó en el consulado . Mucha plática y poca platica (guita, parné) como dicen los colombianos. Dos horas de vano palique porque sólo me interesaba la reparación de los daños y perjuicios ocasionados por el consulado. Naturalmente los intereses de la funcionaria del gobierno del Partido del GAL
estaban en contradicción con los míos. Nos despedimos sin más. A la mañana siguiente cursé oficialmente una solicitud de conciliación a través de la Defensoría del Pueblo para negociar la reparación de los daños y perjuicios ocasionados por el consulado. Ardió Troya en la Embajada de Bogotá y elevaron una queja ante el gobierno colombiano por la osadía de las instituciones colombianas. En un tono imperialista, M. Pilar González Abad se hizo eco de la queja verbal en su escrito al Defensor del Pueblo:
Con
relación a su comunicado de fecha 11 de junio (...) me permito informarle que
la Embajada de España ha emitido una nota verbal (de protesta) al Ministro de
Relaciones Exteriores de la República de Colombia (...) porque dicho comunicado
no es procedente, al hacer referencia a la protección consular de un ciudadano
español por parte del Consulado General de España en Cartagena de Indias,
asunto que escapa a la competencia de los tribunales de la República de
Colombia".
Ni tutela ni conciliación. Sólo me quedaba la petición de asilo político. Decidí presentarme en Bogotá para informar a las Embajadas de los Estados miembros de Unión Europea, a los organismos internacionales de Derechos Humanos y a diversas instituciones colombianas. Vana ilusiòn. Me despedí de mis amigos cartageneros (buhoneros, celadores de plazas y comercios, barrenderos, prostitutas de la plaza Fernández de Madrid, policías de turismo) y emprendí viaje a pie. Una locura evidentemente. La primera noche dormí a cielo raso en Turbaco y al día siguiente lo hice en el hospital de Arjona, donde fui para ser curado de una herida en el hombro provocada por el roce de la correa de la bolsa de viaje. Dos jornadas de calor, hambre, sed, agotamiento. En Arjona las funcionarias de la Comisaría de Familia me dieron comida, y Luz, una humilde vendedora ambulante de café y aromática (manzanilla), también me auxilió. Luz, cuando me comparó con la fotografía del DNI (cédula española), me dijo: "Con la ayuda de Dios volverá a estar bonito como antes". El tercer día de caminata no pasé de Gambote. "¿Tienen agua para beber?" –pregunté. Uno de los obreros de la cuadrilla de mantenimiento de la carretera me dijo: "¿Hacia dónde va?". "Me dirijo a Bogotá, y no es broma". "Pues sólo le faltan mil kilómetros" –comentó otro. El pariente de un conductor de autobuses llamó por teléfono. Me dijo: "Dentro de media hora lo recogerán". Me dejaron en El Viso, un cruce de carreteras. En el puesto de control de Transporte Botero Soto, Emerson me invitó a tomar zumo y arepa de huevo. "Tres de nuestros camiones pasarán hoy hacia Bogotá. A ver si tiene suerte y alguno puede llevarlo". Pero no hizo falta. Hablé con la policía de carreteras y me embarcaron en un camión hacia Carmen de Bolívar, a unos sesenta kilómetros, donde hice transbordo a otro camión con dirección a Bosconia, ya en el Departamento (región) del Cesar. Fui directamente al Hospital de San Juan Bosco porque me encontraba desfallecido. Me trataron con suero fisiológico y me dejaron en observación hasta la mañana siguiente. Cuando me estaba bañando ingresaron a la madre de Denois. Éste me acompañó hasta el retén de la policía de carreteras situado en las cuatro esquinas (cruce de las carreteras de Barranquilla, Cartagena de Indias, Valledupar y Bogotá). Un oficial amigo suyo me embarcó en un camión hacia Aguachica. Permanecí dos jornadas en dicha localidad por ser un fin de semana con restricción de circulación de camiones. Tanto en la estación de la policía como del DAS me brindaron comida. Cuando por fin reanudé camino hacia San Pablo, uno de los policías me dio 10.000 pesos (unos cinco dólares). El camionero también me entregó 5.000 pesos cuando me dejó a las afueras de San Pablo. Anochecía cuando la patrulla de policía de San Pablo detuvo la furgoneta de Javier, un transportista de Bucaramanga. Antes de llegar a la capital de Santander detuvo el vehículo y me invitó a cenar (comer dicen en Colombia). Una cena inolvidable, suculenta. Javier me dejó en un apeadero de la Terminal de Transportes de Bucaramanga. El siguiente retén de la policía de carreteras estaba situado a 25 kilómetros, un problema. Sin embargo, según pasaron las horas, trabé amistad con varios pasajeros y con dos controladores de los autobuses. Wilson Álvarez Jerez (concejal de Vélez) me entregó 10.000 pesos y Luis Alberto y Jaime Alberto (controladores de la Terminal de Tansporte de Bucaramanga) me invitaron a empanadas y refrescos. Habían prometido embarcarme sin pagar hasta el retén de la policía de carreteras, pero de repente me avisaron y me dijeron: "Te vas directamente para Bogotá"
En realidad sólo pudo ser hasta Vado el Real porque el conductor del autobús me avisó de un control de la empresa nada más salir de aquel pueblo. Me dirigí a la estación de policía y recabé de nuevo su colaboración. En ese transbordo ya logré arribar a Bogotá. En la capital de Colombia hablé de inmediato con mi amiga Socorro (prima de la esposa del vicepresidente de la República). "Entrégale estos documentos a Pacho" (Francisco Santos Calderón). Esa noche me quedé en el aeropuerto El Dorado. Una vigilante de la seguridad privada me echó por no tener billete de viaje. A la noche siguiente fui a la Terminal de Transporte (estación de autobuses). Allí conocí a Judith del Carmen. Me invitó a dormir en su casa aquella noche. Durante varios días no volví a verla. Lo hice la noche del 14 de julio, tras haber permanecido un día internado en el Hospital de Engativá. Previamente me había presentado en la Cruz Roja. Dolor en el abdomen, ganas de vomitar, principio de diarreas, sequedad extrema en la garganta, disminución de los reflejos. No me pudieron socorrer porque no llevaba dinero. Me dirigí al Hospital de Engativá. La doctora de guardia decidió ingresarme durante varios días para someterme a un progresivo régimen alimenticio. Durante media hora tres enfermeras me pincharon las manos y los brazos en busca de la vena perdida (por culpa de la excesiva deshidratación) para inyectarme suero fisiológico. A la mañana siguiente conocí a la trabajadora social asignada a mi caso. No me gustó ni pizca su mirada ni su pretensión de firmarle un formulario en blanco. Apenas se interesó por mis circunstancias, sino por quién iba a pagar la factura de mi internamiento. "Hable con la Embajada de España" –respondí. Después del almuerzo, repentinamente, suspendieron el tratamiento con suero fisiológico y me dieron de alta médica. Entre bambalinas escuché el nombre de la Embajada de España. Qué raro cuanto estaba sucediendo. Me dieron de alta pero no me dejaron salir hasta la mañana siguiente en compañía de la "trabajadora social". Llegamos delante del Consulado General de España en Bogotá y tanto la "trabajadora social" como un picoleto (guardia civil) en funciones de portero metieron la pata (a menudo la gente sin formación para el doble juego suele arruinar un bonito plan ideado por terceros). Decidí quedarme fuera, por si acaso. ¿Y si de repente todo obedecía a una treta para detenerme en el consulado (territorio español donde ya no iba a poder solicitar auxilio de nadie) y quitarme las pruebas documentales de mi calvario? ¿Entrar sin testigos en el consuladito español? Ni de broma. Durante dos horas esperé en la calle a la "trabajadora social". Salió con una sonrisa fingida. "No puedo obligarle a entrar, pero mi consejo es que entre porque ellos quieren colaborarle". "¿Qué le han dicho del billete de avión?". "Eso debe ser usted quien ha de pedirlo. Mi misión ha sido acompañarlo hasta aquí". Cuánta bondad rezumaba aquella señora. Como si yo fuera un disminuido para no ir solito a todas partes. "No quiero ni pensar que usted se haya prestado a la treta de entregarme a los españoles". "¿Me está amenazando?". Cada vez que hablaba se hacía más sospechosa. No le firmé un nuevo papelito que me presentó redactado a su modo y me fui. Presenté un escrito de socorro en varias Embajadas de Estados miembros de la Unión Europea. Nadie me respondió. Tampoco la oficina de ACNUR ni la ONG Comisión de Juristas Colombianos. ¿ONG? ¡¡Je, je, je!! Paralelamente registré un documento en el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) notificándole mi situación irregular en Colombia. El DAS no me buscó en el aeropuerto como yo pensaba ni Socorro me dio buenas noticias sobre su gestión. "No he podido entregarle a Pacho tus documentos". Hmmm… ¿Seguro? ¿Y si le dijeron que no se metiera en un asunto tan "complejo" y problemático para el gobierno colombiano? El 24 de julio le presenté un documento al Presidente de la República solicitándole mi deportación a las Islas Canarias. Esa noche, de madrugada, me volvieron a echar del aeropuerto. No tuvieron clemencia. Frío y lluvia me acompañaron hasta el amanecer. Peor hubiera sido haber recibido la visita de un comando paramilitar. Desde entonces me alojé en la casa de Judith del Carmen
hasta mi traslado a un albergue
gracias a las gestiones de la Casa de Oración Enmanuel. Pero no en calidad de acogido, sino de trabajador a cambio de cama y comida. A mi cargo estaba la limpieza de quince habitaciones (cincuenta camas) del Albergue Lupita y cuatro baños, y fregar la loza y los calderos después de cada servicio de comedor, y regar las matas (plantas), y bajar la basura a la calle, y hacer de portero cuando tocaban a la puerta. Incluso sirviente privado de la dueña: "Rafael, cierre la puerta del patio que tengo frío".
¿Qué hubiera dicho la prensa fascista colombiana de haber sido yo un colombiano esclavizado en España? Caracol Televisión ("televisora" propiedad de la Familia Prisa) renunció a hacerme una entrevista después de las presiones del Consulado General de España en Cartagena de Indias. Como la abogada recomendada por la Casa de Oración Enmanuel no se presentó a la cita (cinco días después de haber comenzado a trabajar en el albergue), acudí por mi cuenta y riesgo a la sede del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad), órgano de Inteligencia del Estado y organismo de control migratorio. En principio me iban a ningunear, a dejarlo todo en manos de la Embajada de España. "¿He de hablar de paramillitarismo pàra ser expulsado de Colombia?". Me dieron cita para la semana siguiente, y efectivamente mi amenaza surtió efecto. Sin la participación de España fui conducido al aeropuerto El Dorado tras fotografíarme tipo "se busca" y tomarme las huellas de todos los dedos de ambas manos como si fuera un delincuente y no una víctima del crimen en Colombia (nadie me devolvió el pasaporte ni el dinero, una fortuna). ¿Entonces por que la Banda de Alí Babá y los 40 ladrones (como se conoce en Colombia a los muchachos del DAS por culpa de sus tropecientos escándalos con repercusión incluso en la Interpol que ha decidido renunciar a su cooperación) se atrevió a condenarme a no regresar a Colombia en un plazo de tres años? ¿Por qué no recurrí aquella resolución de la Subdirección de Extranjería? ¿Y demorar mi partida? Ni loco porque yo empezaba a oler a muerto. Qué bien le hubiera venido a los muchachos del gobierno del Partido del GAL. Parecía como si unos no quisieran dejarme salir de Colombia y otros impedirme la vuelta a la "madre patria"· Razones tenían unos y otros para ello. Pero los muchachos del DAS (en particular Carmen Cuellar Buitrago, enemistada con el cónsul adjunto Antonio García Roger, hasta tal punto de ser declarada persona non grata en la Embajada de España) desobedecieron la orden de hacer la vista gorda ante mi situación irregular en Colombia y me acompañaron hasta la escalerilla del avión rumbo a Madrid. ¿Será por eso que ahora DON Alvarito quiere deshacerse del Departamento Administrativo de Seguridad?

PETICIÓN
DE ASILO A TRAVÉS DE LA DEFENSORIA DEL PUEBLO
PRESENTACION TUTELA EN EL
TRIBUNAL ADMINISTRATIVO DE BOLÍVAR
FORMALIZACIÓN DE LA PETICIÓN DE ASILO
DENEGACIÓN DEL ASILO POLÍTICO - II PARTE (1)
(1)
No me concedieron el asilo político porque no presenté la demanda en el plazo de 60 días (sic). La presenté cuando mi gobierno me abandonó (no fui a Colombia con ese propósito porque sólo a un chiflado se le ocurriría viajar ex profeso a Colombia con semejante objetivo). "Dicha tutela fue respondida dentro de los términos de la ley, oponiéndose a dicha pretensión por considerarla improcedente". ¡¡Qué sinvergüenza la señora Viceministra de Asuntos Multilaterales!! El Tribunal Administrativo de Bolívar me convocó personalmente para comunicarme la razón por la que rechazaban mi petición. Primero porque los funcionarios españoles son inmunes (e impunes) en el extranjero y segundo porque el Ministerio de Relaciones Exteriores negó la existencia de la propia demanda de petición de asilo por cuanto la había cursado el Defensor del Pueblo de Bolívar y no yo personalmente. ¡¡Qué vergûenza, señora Viceministra!! Los magistrados reconocieron la injusticia de mi situación, el abandono consular de mis Derechos Humanos, pero estaban atados de pies y manos por la legislación internacional.
(2)
Increible, pero cierto. Don Alvarito no podía ordenar mi deportación. Qué raro ¿verdad? Don Alvarito arrieros somos y en el camino nos encontraremos. Quien a hierro mata a hierro muere.
¿PRINCIPIO DE NEGOCIACIÓN?
(1)
¡¡Qué casualidad!! Tan pronto el DAS decidió mandarme para España, Rodríguez Zapatero se puso en contacto conmigo a través del director del Gabinete de la Presidencia. ¿Casualidad? La amenaza en el DAS de hablar yo sobre Don Berna no sólo surtió efecto en Colombia; también fue un contratiempo para ZP y sus secuaces porque regresé en 48 horas a la "madre patria" (hezpañola según la periodista colombiana Juanita Samper Ospina).

AGRADECIMIENTO
Indiferencia hezpañola y solidaridad colombiana. Nunca podré olvidar la hospitalidad de Milena (Barranquilla), Miguel Pacheco (restaurante El Sabor en la Terminal de Transporte de Barranquilla), Vilmar Novoa Bohorquez y toda la gente del Museo
de la Esmeralda
en Cartagena de Indias, Cecilia (enfermera del Hospital de Cartagena de Indias), Wilmer Colón Maldonado, Marcial Castro Miranda, Ronald Mejía Hoyos, Osman Beltrán Medrano, Orbil Díaz de Ávila, Tulio Villadiego Blanco, Patricia (recepcionista del Gobierno de Bolívar), Oswaldo Contreras Rojas; Lina, Sandra y Lizet (enfermeras de paso por Bocagrande), Rafael Peña "Kiko" (ex presidiario), Fernando Luna Nuñez, Carlos Piñero y Hortensia de la Rosa (testigos de Jehova); Marta, Gladys y Katy, prostitutas (nunca las olvidaré, su cariño, sus atenciones), las funcionarias de la Comisaría de Familia de Arjona, Luz, Emerson, el personal de guardia del Hospital de San Juan Bosco, Denois, Javier (Bucaramanga), Wilson Alvarez Jerez, Luis Alberto y Jaime Alberto, Judith del Carmen y su marido Jesús, y todos los camioneros y policías de carreteras y tantos otros cuyo nombre no recuerdo.
LINA, SANDRA Y LIZET
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AGENCIA BK DETECTIVES ASOCIADOS