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Barranquilla, Viernes, 17 sep 2010 12:51:20 PM
 

  

Editorial: El de mañana, un día para pensar

En Colombia no cesamos de preguntarnos: ¿Por qué nuestra sociedad es tan violenta? ¿Cuál es la razón por la cual gran parte de nuestros compatriotas han cambiado el amor por la agresividad? Algo debe haber en la psiquis y en el código genético nacional cuando nos damos cuenta cotidianamente de que existen brotes y manifestaciones de violencia por doquier.

‘Matoneo’ en las escuelas; pandillismo, violencia delincuencial o entre vecinos de barrio; violencia intrafamiliar, ya sea con la pareja, con los hijos, con los hermanos o con los adultos mayores; tratos brutales y hostiles con las personas, con la naturaleza o con los animales; agresiones entre países, entre ciudades o en el campo, en los buses, o en las canchas deportivas, en la tele o en el cine, en la música o en las fiestas, con licor o sin licor. La violencia engendra violencia, en un círculo vicioso que se agiganta con cada nuevo acto de agresión. Nadie está libre de padecerla en cualquiera de sus formas. Por donde metemos la cabeza, por todas partes, vemos personas con la mirada agresiva, con el ceño fruncido, con la mano empuñada, con el rostro crispado, producto de esa malsana y venenosa emoción.

Antes que reducirse, como debería ser lo lógico, la carga de violencia en nuestra sociedad va en aumento. La rabia no conoce de edad, ni de género, ni de raza, ni de credo. Inclusive se percibe en las personas oriundas del Caribe, que en los últimos tiempos, para sorpresa general, parecen haber alterado su natural temperamento pacífico y se han dejado contagiar de la agresividad proveniente de otras culturas.

Los psicoanalistas freudianos mencionan que en la integralidad de todo ser humano existen dos tipos de tendencias instintivas: unas pulsiones positivas, Eros, que nos llevan constructivamente hacia el amor y la vida; y las segundas, Thanatos, que negativamente nos impulsan hacia la muerte y la destrucción propia o ajena. En algunas personas nobles predomina el amor por encima de la agresividad, mientras que en otras prevalecen el odio y el rencor por encima de sus instintos amorosos.

Existen una y mil razones para que muchas personas permanezcan irascibles: frustraciones almacenadas por días , semanas o años ante repetidas experiencias de rechazo; reacciones de estrés producto de preocupaciones por demasiado trabajo o por ausencia de éste; cargas de agresividad que recibimos de unos y descargamos en otros; conflictos de pareja e intra-familiares; desesperada necesidad de sobrevivir, ansias de poder, sed de venganza, mala situación económica, hambre o desnutrición alimenticia, falta de amor, acoso laboral o escolar, resentimiento social por años de injusticias y de pobrezas. Todas son manifestaciones de lo mismo: puro y físico odio exacerbado por circunstancias de hoy o del pasado.

Sor Teresa de Jesús nos enseñaba que “el infierno es todo sitio en donde no hay amor”. ¿Qué hacer para bajar esos niveles de resentimiento o de rencor y recobrar la paz en la convivencia en nuestra sociedad colombiana? Es una pregunta que entre todos debemos responder, pues el odio y la agresividad son contagiosos, y estamos literalmente aniquilándonos los unos a los otros.

Entre las recomendaciones que los terapeutas mentales y asesores espirituales nos hacen a los colombianos para recobrar nuestra felicidad perdida están, por una parte, la comprensión plena de la causa real de nuestro enojo. Segundo está el autocontrol emocional para no dejarnos gobernar por esas negativas emociones cuyas violentas explosiones arrasan con todo lo que se atraviese. De otro lado, sugieren ellos simultáneamente acompañarnos de personas con buen humor y actitud positiva con las cuales compartamos, entre otras experiencias, la de hacer catarsis de dichas energías tóxicas represadas mediante actividades de divertida recreación y atlético-deportivas. Y por último, recurramos al perdón para aligerar nuestro pesado equipaje, desprendiéndonos de esos rencores que internamente nos envenenan y que enferman nuestro cuerpo y nuestra psiquis. Todo lo anterior, acompañado por una buena dosis de justicia social, tolerancia y solidaridad, entre otros valores, daría como resultado un clima de convivencia pacífica entre los colombianos.

Evento comercial o no, la celebración de este fin de semana debe incluir un compromiso general de que no predomine el odio sobre el amor, Thanatos sobre Eros, ya que el único antídoto contra la violencia y el rencor es el amor y todas las energías positivas a él asociadas.





 
 

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