CRIMEN ORGANIZADO EN AMÉRICA LATINA Y CARIBE

ESTUDIO DE LAS MARAS Y LAS BANDAS LATINAS

MARAS Y PANDILLAS EN CENTROAMÉRICA

ALTAMIRA LA CIUDAD MÁS VIOLENTA DE BRASIL

PANDILLAS SALVADOREÑAS Y PODER MUNICIPAL

ESCLAVA SEXUAL DE LA MARA SALVATRUCHA

BANDAS EMERGENTES COLOMBIANAS

BRASIL CRIMEN Y MISERIA

BANDAS LATINAS EN ESPAÑA

BANDA DE MOTEROS VIOLENTOS

BANDA LOS ÁNGELES DEL INFIERNO

PANDILLAS CRIMINALES EN EL MUNDO

BANDAS LATINAS EN LOS ÁNGELES

ORIGEN Y ESTRUCTURA DE LAS MARAS

DISTRIBUCIÓN DE LAS MARAS EN TEGUCIGALPA

CISMA ENTRE PANDILLAS GENERA NUEVA BANDA

PANDILLAS SALVADOREÑAS LAS MÁS PELIGROSAS

TEGUCIGALPA LA CIUDAD MÁS VIOLENTA DEL MUNDO

SALVATRUCHA ORGANIZACIÓN TRANSFRONTERIZA

MARERO RECONVERTIDO EN ESTADOS UNIDOS

250.000 MUERTOS EN CENTROAMÉRICA

MARAS UNA AMENAZA EN LA REGIÓN

ENLACES DE MARAS Y PANDILLAS

PANDILLAS EN CARTAGENA DE INDIAS

MENORES DE EDAD CONDENADOS A MUERTE

PANDILLAS EN MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS

ASESINOS DOMINICANOS SIN MISERICORDIA

BANDAS PERUANAS UNA AMENAZA EN LA CAPITAL

SICARIOS DE LOS NARCOCARTELES COLOMBOMEXICANOS

COSTE ECONÓMICO DE LA VIOLENCIA EN CENTROAMÉRICA

DOMINICANOS MENORES DE EDAD ASALTADORES DE AUTOBUSES

PADRES PERMISIVOS HOY NIÑITOS DE ARMAS TOMAR MAÑANA

MODIFICAN EL CÓDIGO PENAL DOMINICANO DEL MENOR

BRASILEÑO DE DIEZ AÑOS CAPO DEL NARCOTRÁFICO

BLANQUEO DE DINERO LA MARA SALVATRUCHA

LEGISLACIÓN PENAL JUVENIL EN PANAMÁ

CARTA DE UNA MADRE A LA MADRE DE UN PANDILLERO

FRACASO DEL COMBATE A PANDILLAS TRANSFRONTERIZAS

NIÑOS PANDILLEROS ASESINOS MARAS EN EL SALVADOR

COMISIÓN DE SEGURIDAD HEMISFÉRICA OEA

REGIONALIZAR LA GUERRA ANTIMARAS

MEDIDAS DE PREVENCIÓN Y REPRESIÓN

PANDILLAS DELICTIVAS TRANSNACIONALES

SEGURIDAD INTERNACIONAL CONTEMPORÁNEA

SEGURIDAD Y JUSTICIA PENAL JUVENIL

BANDAS GLOBALES – PANDILLAS

INVESTIGACIÓN DE LAS BANDAS EN ESPAÑA

NARCOMEXICANOS ENVIAN MAREROS A EUROPA

INMIGRACIÓN Y DELINCUENCIA EN COSTA RICA

COLOMBIA A MERCED DE LAS PANDILLAS

TERROR LATINO EN ESPAÑA

INMIGRACIÓN Y PANDILLAS

PANDILLAS SIN FRONTERAS

MAREROS POSANDO SIN MÁSCARA

ESTUDIO DE LA DELINCUENCIA JUVENIL

OPERACIÓN CONTRA LA BANDA BLACK PANTHERS

PANTERAS NEGRAS EN BARCELONA

ESPAÑA ENTRE BOTELLONES Y VANDALISMO

INFANCIA EN LAS FAVELAS


EXPOSICIÓN FOTOGRÁFICA

MARAS EN LA FRONTERA MEXICANA

MARAS SALVADOREÑAS AMENAZA INTERNACIONAL

CARTELES MEXICANOS RECLUTAN PANDILLEROS

PANDILLEROS O INSURGENTES CRIMINALES

SEMBRANDO EL TERROR EN GUATEMALA

NARCOTRÁFICO Y BANDAS LATINAS

MUJERES EN LAS BANDAS CRIMINALES

CIENTOS DE MILES DE MAREROS EN EEUU

MARAS EN LA FRONTERA NORTE DE MÉXICO

CÁRTELES MEXICANOS RECLUTAN PANDILLEROS

EXPANSIÓN DE LAS PANDILLAS EN PANAMÁ

PANDILLEROS LOS SOLDADOS DEL NARCOTRÁFICO

PRESENCIA DE LAS MARAS EN COSTA RICA

DOCUMENTAL ACABÓ CON SU DIRECTOR

DOCUMENTAL LA VIDA LOCA


A BUENAS HORAS MANGAS VERDES


La Guardia Civil alerta de la posible llegada de las Maras. El investigador Pedro Gallego Martínez asegura que los Latin King a su lado "son ositos de peluche". "Se diferencian de las pandillas por sus vínculos con el crimen organizado y la comisión de delitos violentos, como la violación o el asesinato", dijo Gallego, que apuntó una posibilidad: "Los cambios en los flujos migratorios de Honduras o El Salvador, cuyo destino deja de ser EEUU, puede suponer que aterricen en España. Comparados, los Latin King son ositos de peluche", avisó. Información.


 

GLOBALIZACIÓN DE LAS PANDILLAS

"Estados Unidos "exporta" al resto del mundo casi 100.000 criminales anualmente. El problema de las pandillas es antiguo, extenso, complicado y doloroso. En Estados Unidos, las pandillas surgen hacia 1870 en los barrios pobres de ciudades de inmigrantes como Nueva York, Boston o Chicago, cuando los hijos de los inmigrantes se agrupan para defender su territorio y cometer pequeñas fechorías. Tradicionalmente, ha sido relativamente fácil diferenciar entre los mismos miembros de una pandilla, y entre estos y el crimen organizado. Hoy, cuando el fenómeno de las pandillas se ha incrustado en el marco de la globalización, las distinciones entre pequeños y grandes delincuentes se han ido perdiendo, al igual que la paciencia de la ciudadanía y las autoridades. Dicen los especialistas que el impacto del cine, la música y otras formas de entretenimiento estadounidense, que glorifican la señalización, los vestuarios y el estilo de vida de los pandilleros americanos, son responsables, en parte, de la proliferación de "gangs" en Rusia, Alemania, Inglaterra, Holanda y Francia. En América Latina, no sé cuándo surgieron las pandillas, pero más allá de la inevitable imitación de la cultura estadounidense, hoy las pandillas locales se han fortificado enormemente gracias a la política estadounidense de deportación de criminales extranjeros convictos, en vigor desde 1996. No cabe el reclamo a Estados Unidos por deshacerse de extranjeros criminales indeseables que, habiendo recibido una oportunidad, no supieron aprovecharla y delinquieron. Pero la justificación de sus acciones no mitiga el hecho de que anualmente Estados Unidos "exporta" al resto del mundo casi 100.000 criminales. En el 2004, 85.000 criminales extranjeros fueron deportados a sus países después de cumplir sus sentencias. Setenta y seis mil fueron deportados a siete países: México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia y República Dominicana. Nadie sabe cuántos de estos convictos son pandilleros, cuántos criminales de carrera y cuántos son personas que cometieron un error, fueron a la cárcel y perdieron su residencia en Estados Unidos. Las autoridades estiman que hay cientos de miles de pandilleros activos que roban, secuestran, asesinan y se dedican al contrabando de personas, armas, automóviles y órganos humanos en un área que va de Estados Unidos hasta los países andinos, dejando una huella brutal en las naciones del istmo centroamericano. En México, las autoridades dicen haber detectado la presencia de pandilleros centroamericanos en 21 estados del país, y la "Mara Salvatrucha", con sede en el corazón de la 'pequeña Centroamérica', en el centro de Los Angeles, presume de "controlar" la frontera en el sur de México. En Honduras, en diciembre, los miembros de una "mara" dieron una muestra de su ignominia ametrallando a los inermes pasajeros de un autobús para mostrarles a las autoridades locales el riesgo de una confrontación. En términos de seguridad hemisférica, el reto que las pandillas presentan es enorme y ni las autoridades de los siete países ni las de Estados Unidos han logrado elaborar una estrategia sistemática y coordinada para atacar el problema. El reciente nombramiento de la primera dama, Laura Bush, para presidir un programa de prevención y rescate de jóvenes pandilleros presenta una magnífica oportunidad para darle visibilidad al problema. Un programa así podría servir de ejemplo a los países latinoamericanos que enfrentan un problema del cual solo en parte son responsables" Sergio Muñoz Bata, miembro del consejo editorial de "Los Angeles Times".

¿NUEVA GUERRA EN CENTROÁMERICA?

"Las maras, esa compleja modalidad de pandillas juveniles que proliferan como epidemia en Guatemala, Honduras y El Salvador, no son únicamente un grave problema para la convivencia interna y seguridad ciudadana de esos países. Por su organización, relaciones y desarrollo, hoy constituyen el más agudo desafío para su avance democrático y seguridad nacional, con irradiaciones más allá de sus fronteras. La urgente seriedad del fenómeno la revela una corta mirada a hechos recientes: El 15 de agosto, choques entre pandillas rivales en cuatro cárceles guatemaltecas produjeron 36 muertos y 80 heridos. El 24, el obispo auxiliar de San Pedro Sula (Honduras) denunció un “genocidio juvenil” en su país. Días antes se destapó en El Salvador una aparente campaña de asesinatos contra jóvenes de aspecto ‘marero’, que el presidente José Antonio Saca ordenó investigar. En declaraciones divulgadas el 22 de agosto, un portavoz del Departamento de Seguridad Interior de Estados Unidos dijo que, desde marzo, 120 pandilleros han sido deportados a México, Guatemala, Honduras y El Salvador, 80 se les añadirán pronto y 600 más tienen posibilidades de ser devueltos. En una cumbre entre los presidentes centroamericanos y mexicano, celebrada en Tegucigalpa el 29 y el 30 de junio, las maras fueron eje de las discusiones: ha crecido la inquietud por su eventual vinculación con el narcotráfico e, incluso, grupos terroristas. Y tras los enfrentamientos en Guatemala, José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, insistió en  una respuesta integral e inmediata. Para que esta produzca el mayor éxito y los menores daños colaterales posibles, es necesario evitar dos peligrosas simplificaciones: una, definir exclusivamente a las maras como consecuencia directa de la pobreza y las desigualdades; otra, considerarlas un problema estrictamente criminal, con una sola medicina: la represión indiscriminada –o guerra abierta– aun a riesgo de vulnerar los derechos humanos. Ciertamente, hay factores socioeconómicos de índole general que crean condiciones propicias para las maras; por ello, y por elemental solidaridad, hay que abordarlos. Ciertamente también, frente al delito es necesario castigar a los culpables y proteger a las víctimas. Pero el abordaje debe tomar en cuenta muchas otras facetas. La más sobresaliente es el carácter transnacional del fenómeno, reflejado en dos grandes “franquicias” rivales  –Salvatrucha y M-18–, nacidas en las calles de Los Angeles, pero que se reproducen y matan en las principales ciudades guatemaltecas, hondureñas, salvadoreñas, y amenazan las de Nicaragua y México. Cada expulsión de pandilleros desde Estados Unidos agudiza esa dimensión del problema. Pero hay muchas más: la falta de oportunidades educativas y laborales para gran cantidad de jóvenes; su hacinamiento en barriadas deprimidas; el corto horizonte de sus vidas; la ruptura de nexos y apoyos familiares; la carencia de focos de identidad positiva; la violencia heredada de los enfrentamientos político-militares; la fácil disponibilidad de armas en los mercados negros; su relación con otras estructuras delictivas, y la debilidad técnica de los cuerpos policiales y judiciales. Hasta ahora, agobiados por el problema, la población y los gobiernos han preferido, esencialmente, la opción represiva. Pero la “epidemia” no disminuye; crece. Razón de más para emprender estrategias integrales, que contemplen la prevención, la intervención en situaciones de riesgo, la represión eficaz, no desbordada, la reinserción de los ‘mareros’ en la sociedad y la coordinación entre los países afectados y en riesgo. Es un camino complejo, pero indispensable, urgente y digno de apoyo internacional. La alternativa puede ser un deterioro irreversible de la situación, con perversos efectos para el desarrollo, la institucionalidad democrática, la seguridad regional y los derechos humanos. Es decir, una verdadera tragedia regional" . Eduardo Ulibarri.

ALARMA EN ARGENTINA

Antonio, "El Satanás", se acomodó la pistola 9 milímetros que llevaba en la cintura y se sentó dispuesto a hablar "pa que los gringos sepan cómo somos los mareros (pandilleros) de verdad". "El Satanás" está muy "manchado", tiene tatuajes por todo el cuerpo y buena parte de su cara. En cada dibujo se destacan claramente las letras MS y el número 13. Esto indica que pertenece a la Mara Salvatrucha, la banda juvenil más poderosa del mundo con más de 100.000 miembros, nacida en la calle 13 de Los Angeles y ahora dispersa por todo Centroamérica con ramificaciones en Canadá, Australia y hasta el Líbano. "El Satanás", un muchacho de 19 años, delgado y de piel oscura llena de tatuajes azulados, es el jefe de una clika (célula) del barrio de El Carrizal, en uno de los cerros de los alrededores de Tegucigalpa, la capital hondureña. "Vamos a apurarnos que tengo que hacer un palme (matar). Tenemos que palmar a unos de la 18 que se nos quieren meter en el barrio", dice "El Satanás" con cara de nada. Los de "la 18" son los de la mara rival, la que nació en la calle con ese número en el South-Central de Los Angeles. Esa también es una banda internacional con "clikas" en las principales ciudades estadounidenses y centroamericanas. A miles de kilómetros de Tegucigalpa, a unas pocas cuadras del Puente La Noria y la Capital Federal argentina, en el barrio de Villa Fiorito, el panorama de las calles no es muy diferente al de El Carrizal. Aquí no están los mareros pero aparecen los "pibes chorros" agrupados en dos pequeñas bandas, Los Chilenitos y Los Carlo. La primera gran diferencia es la estructura de unas y otras bandas. Las de Centroamérica son enormes y trasnacionales, las argentinas, casi familiares, de no más de 10 o 12 jóvenes. Las fuentes de financiación son similares en la distribución de droga, pero acá no cobran peaje ni "impuesto revolucionario" como en las poblaciones de Honduras o El Salvador, y se dedican al robo de autos para desguazarlos. Aunque ambas estructuras mantienen una premisa básica de "control de territorio". "Nos agarramos muchas veces con Los Chilenitos. Esos son todos unos pu... Se querían venir al barrio y no los dejamos nunca. Veíamos a uno y lo ca... a tiros", cuenta "El Pelao", un "pibe chorro" morocho y enorme que ahora dice estar retirado (ver Bandas...). De regreso a El Carrizal, el relato es mucho más violento. "Broder (hermano), acá es así, a hierro. Matás o morís", asegura "El Satanás" mientras me muestra un tatuaje en la espalda con cinco tumbas con un RIP y un nombre marcados en el centro. Uno dice "panuda". Otro "mocos". En el de arriba se lee "chepa" (cana). "Ese es por un policía que me palmé. Los otros son los nombres de las clikas a las que pertenecían los que ya están hule (muertos)", explica "El Satanás" como si hablara de geografía. En los años 50, en California, los jóvenes disconformes de esa época se agrupaban en pequeñas bandas que disputaban el dominio en el barrio. A lo sumo terminaba uno herido por algún navajazo, aún no había drogas duras ni ametralladoras AK-47. La más famosa de las pandillas de entonces, y que luego se convirtió en una banda criminal muy poderosa, era la de los Crips and Bloods. Cuando los anglos comenzaron a atacar a los mexicanos, éstos se organizaron para defenderse y copiaron el mismo esquema de las pandillas. El centro de sus actividades estuvo en el South-Central de Los Angeles. En los setenta, los hispanos se juntaban entre las calles 10 y 20 y cada esquina tenía una banda que rivalizaba con la de la siguiente. La gran explosión de estas pandillas se produjo con la llegada de los refugiados de las guerras civiles centroamericanas en los años 80. En 1992, la policía californiana se enteró de la existencia de la Mara Salvatrucha ("salva" por salvadoreños y "trucha" en su jerga significa "piolas", listos) porque sus miembros fueron los principales líderes del levantamiento popular (riots) que dejó en llamas buena parte del centro de Los Angeles. Los otros hispanos que llegaban en esos años se agruparon en la M-18, una antigua agrupación de mexicanos que ahora contaba con hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses. El FBI comenzó a perseguirlos y encarcelarlos. Y en las cárceles californianas las maras se entremezclaron y se hicieron poderosas. Controlaban buena parte del negocio de la droga y de la inmigración ilegal. En 1996, el Congreso estadounidense aprobó una ley por la que cualquier extranjero que purgara más de un año de cárcel debía ser deportado a su país de origen. Entre el 2000 y el 2004, fueron expulsados casi 20.000 jóvenes con prontuarios criminales a sus países en Centroamérica. "Nos los devolvieron sin decirnos cuáles eran sus antecedentes. Llegaban a nuestros países con libertad para hacer lo que quisieran. Y lo que mejor sabían hacer era delinquir", explica Oscar Alvarez, el ministro de Seguridad de Honduras. Los mareros encontraron el perfecto campo de cultivo: desocupación de más de la mitad de la población activa, pobreza extrema, desnutrición y analfabetismo por encima del 30%. Los jóvenes centroamericanos veían salir a sus países de la Guerra Fría, que se había trasladado de Europa del Este a las selvas nicaragüenses y salvadoreñas, más pobres y dominados. Los gobiernos corruptos y una oligarquía miope hicieron el resto. Las maras comenzaron a reproducirse como hormigas carnívoras. Precisamente de ahí habían tomado su nombre, de la Marabunta, esa plaga de hormigas que atacaba a una "república bananera" en el filme de 1954 dirigido por Byron Haskin y protagonizado por Charlton Heston. En Honduras, con una población de unos 7 millones, se estima que hay unos 40.000 mareros. En El Salvador, con 6,5 millones de habitantes, hay unos 20.000. En Guatemala, se calculan unos 6.000. En México hablan de otros 40.000. En Estados Unidos, 100.000. De todos modos, algunos advierten que estas cifras también son utilizadas por los gobiernos de turno para atemorizar a la población y ganar rédito político. "El problema es grave, pero hay que tener cuidado, las maras son el nuevo enemigo que agitan para distraer de los verdaderos problemas que padece la juventud en toda América latina", advierte Gustavo Zelaya, de la ONG Casa Alianza. El primer trueno rompió sin aviso y retumbó entre los cerros. Comenzó un aguacero tropical con gotas grandes como guayabas y las palmeras parecían molinos de viento alocados. Pero en El Carrizal casi nadie se inmutó. Algunos sacaron los mismos paraguas que usan para taparse del sol, unos pocos se cubrieron la cabeza con una bolsa de plástico, pero la mayoría siguió caminando sabiendo de la inutilidad de intentar cubrirse de semejante catarata. Un momento más tarde, sólo se veían relámpagos alejándose por detrás del cerro más alto y bajaba un torrente de agua. La lluvia había pasado una vez más, a las apuradas y sin mayor trascendencia. Antonio "El Satanás", me dice que es hora de ir a "alucinar al cementerio a esos manes". Me aconseja salir del barrio antes de que lleguen sus "homis" (compañeros, así se llaman entre los mareros) y no tomar ni una fotografía "porque te palmas aquí". Se vuelve a acomodar la 9 milímetros y desaparece por uno de los callejones. "El Satanás" me hace acompañar hasta la salida del barrio por un chico de 12 años que dice llamarse "El Pinta". Me cuenta que dejó la escuela en el tercer grado y que desde entonces anda con los "homis" de la Salvatrucha pero que todavía no es un miembro activo. "No pasé la graduación", explica. Para iniciarse hay que recibir una paliza por parte de varios miembros de la banda. Si el novato llega a dar algún signo de resistencia, vuelve a comenzar el conteo. En general, esto sucede a eso de los 13 años y los chicos quedan con severas secuelas. Las mujeres, para entrar en las "clikas" tienen que mantener relaciones sexuales con tres de los líderes. Los tatuajes los tienen que ir ganando con el cumplimiento de algunas tareas. Los más importantes sólo se obtienen asesinando. Y para convertirse en jefe tienen que haber matado al menos a un policía. Las maras fueron ganando cada vez más terreno y comenzaron a ser utilizadas por los grandes carteles del narcotráfico para sus operaciones de traslado y distribución de drogas. Esa es hoy la principal fuente de ingresos. Aunque también obtienen divisas cobrando el "impuesto revolucionario" a las empresas de transporte público, a los distribuidores de alimentos, los comercios y hasta a los propios vecinos. La última semana fueron asesinadas dos chicas de 19 y 14 años en el barrio La Cañada, de Tegucigalpa, por quedarse con "un vuelto" de la droga que distribuían. La orden de matarlas fue lanzada desde la penitenciaría de Támara donde están recluidos algunos de los principales jefes. Las chicas fueron a pedir ayuda a un pastor evangelista del barrio a quien le confesaron que habían sido "esclavizadas" por la mara para hacer ese trabajo y que ellas no consumían. El fenómeno de las maras preocupa enormemente a Estados Unidos y a todos los países centroamericanos. La semana pasada los cancilleres de todo el continente reunidos en la asamblea anual de la OEA, se comprometieron a lanzar una ofensiva contra lo que, dijeron, "es ya una plaga". A fin de mes habrá una cumbre de presidentes en Tegucigalpa para crear una fuerza especial multinacional antimara. El FBI ya abrió una oficina especial en San Salvador para investigar a los mareros. De acuerdo al sitio oficial de Internet de la Mara Salvatrucha (www.xv3gang.com), la banda tiene "clikas" desde Canadá hasta Perú y desde Australia hasta el Líbano. "Son los que se integraron a las maras en Estados Unidos y luego regresaron a sus países llevando la moda", se escribe en el mismo sitio Web. Los expertos argentinos en delincuencia juvenil afirman que en nuestro país no hay maras. "Las bandas de pibes chorros no alcanzan de ninguna manera este nivel de organización y sofisticación. En nuestros barrios no hay una influencia fuerte de la cultura anglosajona de la pandilla", explica Alberto Morlachetti, un sociólogo creador de la Fundación Pelota de Trapo. Sin embargo, también todos coinciden en que en Argentina están dadas todas las condiciones de marginalidad, pobreza, corrupción y exclusión como para que proliferen maras y muchos otros males que afectan a los casi 10 millones de chicos pobres que hay aquí. "Si mantenemos estos niveles de exclusión, si dejamos que cada día miles de chicos salgan a mendigar, si sigue profundizándose el hambre entre la población, en diez años podemos tener las maras acá", asegura Juan Pegoraro, titular de la cátedra de Delincuencia y Sociedad de la UBA (ver "En diez años..."). Daniel Míguez, investigador de FLACSO, cree que "estas modas siempre van a estar tamizadas por la propia cultura, y esto no permite predecir cómo y cuándo vamos a llegar a las maras. Tendrán características comunes y otras diferenciales, pero podríamos llegar a tener estas grandes bandas". En el barrio El Carrizal ya comienza a anochecer. La gente apura el paso. En un rato, los callejones serán todos para los mareros. Nadie se atreverá a protestar. Antonio "El Satanás" ya está detrás de sus enemigos de "la 18". "El Pinta" sube corriendo para ver si lo ayuda y finalmente logra convertirse en "un firme" dentro de la mara. Para ellos es un día común en esta difusa frontera entre la vida y la muerte, entre ser alguien entre sus "homis" o un paria social más. Más información.

AL QAEDA Y BANDAS LATINAS
COMBINACIÓN EXPLOSIVA

Federal officials are investigating a violent Central America-based street gang for ties to Middle Eastern terrorism, an alliance that seems unlikely but poses a frightening threat to the United States. MS-13, also known as La Mara Salvatrucha, has about 15,000 members in the United States in cities from Los Angeles to Boston. Some members have been charged with crimes that include rape, carjacking and drug smuggling. Más información.

ESTRUCTURAS MAFIOSAS TRANSNACIONALES

"No estamos ante pequeñas pandillas sino ante estructuras mafiosas transnacionales que desafían a los Estados. Con los sucesos de São Paulo, donde el grupo de delincuencia organizada "Primer Comando de la Capital" (PCC) se amotinó en 105 cárceles, paralizó la ciudad comercial e industrial más importante de América Latina por varios días, asesinó a más de 100 personas, especialmente policías, incendió 82 buses y atacó 17 agencias bancarias, se hicieron evidentes dos problemas que no solo afectan la seguridad de Brasil, sino de casi todos los países de América Latina. El primero, el control que la delincuencia organizada tiene de las cárceles, y el segundo, las estructuras mafiosas que se están organizando dentro de ellas, las cuales trascienden sus muros y se relacionan con los principales negocios ilícitos, en especial el de las drogas. En casi todos los países latinoamericanos, la delincuencia organizada controla algunas cárceles, como las maras en Centroamérica, los "Ñetas" y los "Latín King" en Ecuador, el PCC de Brasil, paramilitares y guerrillas en Colombia, entre otros. Frente a esta peligrosa situación, hasta ahora no nos hemos percatado de la dimensión y consecuencias de lo sucedido en São Paulo y de lo que podría representar para los demás países de la región y que tiene que ver con el segundo problema: las estructuras mafiosas. Estos grupos de delincuencia organizada, permeados fundamentalmente por el negocio del narcotráfico, han creado y/o están creando verdaderas estructuras mafiosas, que controlan los mercados de distribución de drogas en cada país, además de vincularse a otros delitos transnacionales, como el comercio ilegal de armas, la trata de personas y el contrabando. Los riesgos de estas estructuras mafiosas no son solo para los países que en la actualidad las están padeciendo, sino para la región, por la manera en que mantienen relaciones. Es conocido en Centroamérica que las maras, que cuentan con algo más de 60.000 miembros y que tienen alguna presencia en casi todos los países de la región, inclusive en México y en algunas ciudades norteamericanas, se están involucrando en el tráfico de drogas que atraviesa esta región hacia los mercados de Estados Unidos y europeos y que tienen relación con los carteles de Tijuana, Juárez y los del sur del continente, incluidos los colombianos. En Colombia, para nadie es un secreto la relación estrecha que existe entre las estructuras mafiosas que se han creado en torno al narcotráfico, los grupos de paramilitares que todavía persisten y la guerrilla, grupos que llegan a negociar directamente y entre ellos, dejando de lado sus ideologías en aras de la rentabilidad del negocio. A los "Ñetas" y los "Latín King" en Ecuador, grupos que cuentan con más de 70.000 miembros y que tienen presencia en algunas ciudades de ese país, de Norteamérica y de España, se los ha vinculado al negocio de la distribución de droga. En Brasil, la organización ‘Primer Comando de la Capital’, que según los medios tiene presencia en varias ciudades con algo más de 10.000 miembros activos y que controla el 90 por ciento de los presidios de São Paulo, está vinculada al negocio de la droga y mantiene relaciones con algunos carteles de Colombia. No estamos ante pequeñas pandillas y bandas callejeras locales, sino frente a verdaderas estructuras mafiosas transnacionales, que se atreven a desafiar a los Estados, dominar territorios, eliminar las garantías ciudadanas, implantar el terror en las ciudades e incursionar en el mundo de la política, como se ha hecho en Colombia y se menciona en Brasil después de lo de São Paulo". Los Estados latinoamericanos, individualmente y en cooperación, deben diseñar y ejecutar políticas para enfrentar estas dos problemáticas, si no se quiere tener hacia el futuro Estados mafiosos". Hugo Acero Velásquez, ex subsecretario de Seguridad Ciudadana de Colombia.

TRINCHERAS CONTRA LOS BÁRBAROS

"Creímos que era el pasado y resultó que lo que teníamos delante era el futuro. Pensamos que las alambradas electrificadas que envolvían las mejores casas de Port Elizabeth o a los chalets de las áreas residenciales de Johannesburgo eran cosa de otros mundos; que las urbanizaciones blindadas de Tegucigalpa o las viviendas fortificadas de La Ceiba, en la costa hondureña, pertenecían a realidades que nos eran ajenas; que los hoteles paramilitarmente custodiados de Caracas o que el atrincheramiento en algunos caserones de Panajachel y Chichicastenango, en el imprevisible interior guatemalteco, eran infiernos que ardían muy lejos del bienestar europeo al que decíamos pertenecer o creíamos pertenecer. La noche de Tegucigalpa nos enseñó a dormir con un tipo armado sentado en la escalera, a ser cacheados por guardaespaldas en los bares de la madrugada o a cenar con un pistolero vigilando el jeep de Alex mientras otros dos cubrían, rifle en mano, la puerta del restaurante donde habían encañonado a los clientes horas antes. Fue en Caracas, en un local traspasado por unos amigos, donde descubrimos que los viernes tienen allí sus horas prohibidas, y que antes de que el reloj las marque debes volar por las calles sin parar en los semáforos. En algunas ciudades venezolanas y en las carreteras del interior de Guatemala hay horas malditas, en las que los salteadores de caminos cortan las vías y también la respiración; hay zonas rurales donde a una conocida la asaltaron en su casa, y ahí, en la mismísima cocina, la tuvieron una eternidad con la cabeza entre el suelo y el fusil, ella preguntando sin respuesta por los dos hijos que tenían retenidos en la habitación del fondo. En el segundo y tercer mundo la gente se esconde en los centros comerciales porque las calles son plantas carnívoras, y algunos viven en cámaras acorazadas que los alejen del caos que se retuerce al otro lado. Ahora que todo aquello entra en nuestra realidad a golpe de asaltos y secuestros-exprés en Cataluña y otras, me huelo que reaccionaremos como allí; que quienes puedan se refugiarán en colegios, urbanizaciones, sociedades o espacios fortificados y que el resto sobrevivirá en ciudades convertidas en centros de retención. Sí, creíamos que era el pasado y lo que teníamos delante era un futuro de romanos y bárbaros, de acorazados y abandonados a su suerte". Jaime Pérez-LLombet García.

PANDILLEROS DOMINICANOS TRINITARIOS

Es menor de edad y teme seriamente por su vida. Hasta hace dos meses era un soldado. Pertenecía a la banda de los Trinitarios. Recibe amenazas a través de su correo electrónico. Amenazas que hablan de traición y de muerte: "De los trinitarios, cuando se entra, no se sale, al menos vivo", le advierten por Internet. Su vida se ha hecho angustiosa desde que decidió abandonar la banda y colaborar con la policía en su desarticulación. Detesta la extrema violencia que emplean sus miembros en las reyertas que periódicamente mantiene en las calles con otras bandas. El menor está escondido y evita ir a los lugares donde sabe que se reúnen su ex colegas de los Trinitarios para planificar venganzas o agresiones. La última vez que pisó la discoteca Casa Blanca, en los bajos del complejo Azca, donde se congregan los cabecillas y soldados de la banda, uno de los máximos jefes, conocido como Juanchito, le recriminó: "Si faltas a una reunión más, allí donde te pille te mato; no lo olvides". Juanchito ignoraba entonces que el menor no sólo había dejado de asistir a las últimas reuniones, sino que había desertado y había pedido protección a la policía para él y su familia. Juanchito, según fuentes de la investigación, es Santiago Marrero, de 21 años. Intentó golpearle, pero otros soldados, amigos de ambos, se interpusieron. "Venga, déjale. No ha podido venir el chaval, pero vendrá, tranquilízate", trató de disuadir al agresor un amigo del menor. Juanchito fue detenido por aquellas amenazas. Por eso, ahora sí saben en los Trinitarios que tienen a un desertor informando a la policía. Según sostiene el menor, los Trinitarios disponen de unos 100 soldados que operan en dos zonas (o capítulos, en su jerga) de Madrid: la del barrio de Cuatro Caminos, en la capital, y la que aglutina a las localidades de Getafe y Leganés, al sur de Madrid. El menor se incorporó a la banda en abril del año pasado, bajo un solemne juramento de sangre, en presencia de Juanchito y de El Patriarca, fundador en España de la banda de los Trinitarios, también conocido como Tonitoca. El juramento se efectuó en una calle adyacente a la discoteca Casa Blanca. Junto a él, ese día también juró fidelidad plena a los Trinitarios otro joven llamado Jeysem, de origen colombiano. En el acto estaban presentes, además de los jefes de la banda, una veintena de personas. Según fuentes policiales, los Trinitarios son una escisión de otra banda latina llamada Dominicans Don't Play. Están aún lejos de los Latin King (que han llegado a tener cerca de 600 efectivos en toda España) y sus odiados rivales, los Ñetas. Ambas bandas han protagonizado trifulcas que se han saldado, sólo en Madrid, con varias muertes por arma blanca. Pero los 100 efectivos operativos actuales de los Trinitarios (que la policía reduce a medio centenar) denotan un fuerte crecimiento de éstos en detrimento de los Dominicans Don't Play. Según ha contado el menor a la policía, van provistos de armas blancas y otras de fuego, que ocultan en zulos cuando no van de bronca. Juanchito nació en la República Dominicana. Desde hace seis años vive en Madrid. Y ya tiene antecedentes penales: intervino en una agresión multitudinaria entre bandas en la localidad madrileña de Alcorcón y la policía le fichó. Cuando fue detenido, dijo que no pertenece a los Trinitarios desde hace años. También negó ser el lugarteniente de Tonitoca. "Soy guerrero universal", dijo, un escalón más bajo. "Y no sé de lo que me habláis", respondió a los investigadores, cuando le preguntaron por sus amenazas al menor. El menor ha descrito que las desobediencias a las órdenes de los jefes se castigan con suma dureza: 300 palazos por el cuerpo si el soldado comete una falta leve (faltar al respeto a un superior de la banda) y 844 si la falta es grave (no acatar una orden) e incluso la muerte (del infractor o de algún familiar) si se deserta o se delata a los mandos o a cualquiera de los miembros de la organización ante la policía. José Antonio Hernández.

TRINITARIA SOCIEDAD SECRETA


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RAFAEL SÁNCHEZ ARMAS

AGENCIA BK DETECTIVES ASOCIADOS

AGENCIA BK DETECTIVES